Obrando Bien
Esperé y esperé, y Morgan nunca regresó.
Los ojos de Will se llenaron de lágrimas. Estas brotaron y rodaron por sus mejillas, mientras entre sollozos contaba la historia a su padre. Ya él se sentía como un “adulto” de cuatro años, no quería llorar, pero no pudo contenerse.
-Está bien que llores, Will -respondió su padre-. Cuéntame que ocurrió.
Con un gran supiro, Will continuó:
- Sé que no debo pasar al fondo del edificio. Morgan jugaba conmigo. Él dijo que quería ir a la piscina y que regresaría. Esperé y esperé, pero nunca regresó a jugar conmigo. (más…)



